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diciembre 08, 2012

La tercera es la vencida

Miraba desde el último piso su vida en perspectiva. Había llegado a la conclusión de que nada de él era necesario en el mundo, de que nadie reparaba en su existencia y ni siquiera llegaría a construirse algo verdaderamente importante con él, como un hogar o una empresa. Rojo de ira se lanzó al vacío. Cayó pesadamente, pero algo amortiguó el golpe. La cabeza de un transeúnte se rompió donde el Ladrillo Suicida aterrizó. Era el segundo cuerpo que malograba sus intenciones. Lentamente, comenzó el ascenso por tercera vez.

noviembre 28, 2012

Biodegradable

¡Hola! ¡Por fin llegaste! Te presento mi casa. Pasa, pasa. Deja tu gabán y tu bufanda en esas perchas. Sigue, siéntate en la salita. ¿“Rara arquitectura”, dices? No; yo diría “materiales inusuales”: todo aquí es biodegradable. ¿Que de qué material son las perchas, preguntas? ¿Que parecen dedos? Pues sí, tienes razón. Muchos no se dan cuenta del efecto. Aunque son muy frágiles; justo ahora hay dos o tres que debo remplazar... ¡Oye, qué bonitas manos! ¡Me encanta el color de tus uñas!

noviembre 19, 2012

El políglota

El políglota ya manejaba varias lenguas: había hecho títeres con la que le cortó al sueco, al francés, al turco...

noviembre 08, 2012

En torno a la maldad

Mi vida siempre ha girado en torno a la maldad. De pequeño torturaba con fuego insectos en el patio de mi casa. De joven golpeaba hasta el cansancio a mis compañeros de la escuela. De hombre maltraté con todo lo imaginable a mi esposa e hijos.
Hoy viejo sigo siendo malo. Soy tan malo que le estoy matando. Acabo de quitarle un minuto de vida...

octubre 25, 2012

La modista

Ella tenía fama de ser la mejor modista del país. Se decía que nunca se equivocaba al medir, cortar, arreglar... era perfeccionista, si no perfecta en su oficio.
Un día la señora M... llegó a pedirle un vestido. Como era obvio, la modista tomó las medidas pertinentes y fijó el plazo y el precio: como mínimo seis meses para hacerlo por 15 monedas de oro (su trabajo siempre era perfecto y costaba).
Pasó el tiempo y volvió madame M... por su traje. Lo pagó y se lo midió detrás de una cortina de la casa, probándose lo que compraba. Cuando salió, los ojos de la modista cambiaron de color: ¡nada menos que una ballena metida en uno de sus preciosos vestidos! ¡La idiota había engordado en seis meses y casi no entraba en él!
Sus trajes eran perfectos, nada que discutir; lo que no cuadraba era la clienta.
Con paciencia tomó sus tijeras, aguja e hilo, y arregló lo que sobraba.